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5 experiencias en un centro de recuperación de fauna salvaje

Si eres un antiguo, presente o futuro estudiante de biología esto te interesa. Una de las experiencias laborales más gratificantes que he tenido fue trabajar en una estación biológica de recuperación de fauna salvaje. En realidad, estuve en calidad de prácticas de auxiliar técnica veterinaria, pero me permitió conocer el funcionamiento de un centro de estas características (dirigido por un biólogo) y tener contacto directo con fauna autóctona. Estas son sólo 5 experiencias y aprendizajes de aquella aventura.

¿QUÉ ES UN CENTRO DE RECUPERACIÓN DE FAUNA AUTÓCTONA O SALVAJE?

Son instalaciones donde se acogen animales salvajes heridos o enfermos y se les procuran cuidados veterinarios y alimento hasta que son capaces de valerse por sí mismos. Entonces, se les libera en su hábitat. Son de una gran importancia para la conservación de las especies, sobretodo las que se encuentran en peligro de extinción o vulnerables. El contacto con los animales debe ser el mínimo para evitar la humanización de los mismos y no modificar su comportamiento para que puedan sobrevivir una vez reintroducidos en la naturaleza.

En algunos centros, como en el que estuve, también se crían especies en peligro de extinción, como la tortuga mediterránea (Testudo hermanni) para intentar recuperar las poblaciones salvajes al introducir las crías en la naturaleza.

Águila en un volador del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre ‘El Valle’, Murcia. Foto tomada de Murcia enclave ambiental
Rapaz en un volador del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre ‘El Valle’, Murcia. Foto tomada de Murcia enclave ambiental

Desgraciadamente, algunos animales son irrecuperables, debido a sus heridas o comportamiento, así que en el centro había algunos ejemplares de rapaces, como el azor (Accipiter gentilis) para ser ejemplo en educación y sensibilización ambiental.

Si te encuentras un animal herido, NUNCA intentes quedártelo o intentar tratarlo ni alimentarlo: probablemente causes un mal mayor. Avisa siempre a uno de estos centros o a las autoridades locales. Aquí tienes una lista de los centros de recuperación de fauna salvaje de toda España. Ellos tienen las instalaciones y conocimientos adecuados para tratar estos animales.

1. LIMPIAR, LIMPIAR… Y MÁS LIMPIAR

La primera información que me dieron cuando ingresé en el centro fue: “el 80% del tiempo de este trabajo es limpiar las instalaciones de los animales. Pero el 20% restante es tan gratificante que vale la pena”.

El director tenía razón. Es un trabajo en el que te vas a manchar, y si eres un poco aprensivo, no es para a ti o deberás acostumbrarte (y créeme, a casi todo se acostumbra uno, limpiar no fue lo más duro a lo que me enfrenté). Pero ver como sale adelante un animal que has cuidado tu, no tiene precio.

2. LA MARAVILLA DE TRABAJAR EN PLENA NATURALEZA

El sueño de la muchos biólogos es trabajar en contacto directo con la naturaleza. Estos centros suelen estar en ella, lo que da la posibilidad de trabajar al aire libre, lejos del estrés y contaminación de la ciudad. A veces llueve, hace un sol de justicia o las bajas temperaturas te hielan las manos y te cortan la piel. Pero los momentos buenos son terriblemente reconfortantes. A muchos nos compensa soportar de vez en cuando condiciones meteorológicas adversas en lugar de estar encerrados en una oficina sin ventanas durante 8 o más horas.

En mi caso además, había un par de instalaciones adjuntas fuera del centro a las que había que ir diariamente dando un paseo por el bosque, con el atractivo y adrenalina añadida (sobretodo si te encontrabas con un jabalí) de ver animales  y vegetales en su hábitat.

Parque Natural del Montseny. Foto de Mireia Querol
Parque Natural del Montseny. Foto de Mireia Querol

El trabajo de campo se completaba con el de laboratorio y sala de curas: análisis de heces, sangre, músculo… para detectar la presencia de parásitos, tanto en animales acabados de llegar, futuros reintroducidos y muertos: las autopsias permiten tener un registro sobre posibles enfermedades y epidemias de la fauna local.

3. DAR VIDA… PERO TAMBIÉN QUITARLA

Además de mantener las condiciones higiénicas adecuadas, la principal ocupación que tuve fue alimentar a los animales.  En aquel momento había mamíferos como erizos, tejones o zorros a los que se alimentaba con pienso y suplementos como gusanos para los erizos.

Para las aves rapaces, unos de los inquilinos más frecuentes, la dieta se basaba sobretodo en pollitos y ratones. Los pollitos se compraban congelados, simplemente había que planificar la descongelación y dejarlos en sus instalaciones. En un caso tuve que alimentar a mano un autillo (Otus scops) con el ala rota, por lo que el contacto con el animal fue inevitable. Y no creáis, dar de comer a una rapaz nocturna con pinzas, por pequeña que sea, ¡es tarea complicada la primera vez!

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Autillo (Otus cops). Foto de Mario Cea

Los ratones en cambio, los manteníamos vivos. Por ética y riesgo de que dañaran al animal, había que matarlos con el menor sufrimiento posible antes de servirlos como alimento. Aprender la técnica y realizarla correctamente, crea un sentimiento de contradicción, por lo que lo mejor en enfocar la atención hacia el animal que intentas salvar, como un halcón peregrino (Falco peregrinus), una víbora (Vipera aspis), un cárabo (Strix aluco), cernícalos (Falco tinnunculus),  un azor (Accipiter gentilis)… Para los herbívoros, como las tortugas mediterráneas (Testudo hermanni), era mucho más fácil preparar su alimento. Y lo más bonito, dar biberón (bueno, jeringa) a una cría de ardilla (Sciurus vulgaris).

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Enfermera alimentando una cría de ardilla. Foto de Ezequiel Becerra

El momento más duro es en el que tienes que eutanasiar a un animal. Desgraciadamente, algunos llegan en tan mal estado, que no se puede hacer nada por salvarlos. En otros casos, si se trata de especies no prioritarias (como gaviotas, palomas, especies invasoras…) la falta de recursos y/o legislación dejan como única salida la eutanasia. Para ello se anestesia primero al animal para evitar un sufrimiento innecesario, y luego se eutanasia con una jeringa directamente en el corazón para que sea lo más rápido posible. Encontrar el corazón con el estetoscopio y tener que comprobar que ha dejado de latir es una de las experiencias más desgarradoras que tuve que vivir allí.

La muerte pues también está presente en estos centros. Causa frustración y tristeza ver morir un animal que intentas sacar adelante, o tener que eutanasiarlo para evitarle sufrimiento, pero es una de las dificultades a las que hay que enfrentarse.

4. NOSOTROS, EL PRINCIPAL MOTIVO DEL INGRESO DE ANIMALES HERIDOS

Los animales llegaban al centro a través de los forestales, con los que se tiene comunicación constante, asociaciones u otras instituciones o particulares. En alguna ocasión también nos desplazamos porque era imposible mover al animal: un jabalí (Sus scrofa) de grandes dimensiones atropellado por un tren. Los atropellamientos son una de las causas principales de muerte de animales salvajes. La situación no podía ser más dantesca: lluvia, el animal en la cuneta en un charco de barro y su propia sangre. Fueron momentos difíciles ya que tuvimos que aplicarle dosis de eutanasia más altas de lo normal porque se aferraba a la vida, además de tener que velar por nuestra propia seguridad. Por fin, el sufrimiento terminó para todos. Sucios y tristes, subimos al todoterreno de vuelta al centro.

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Zorro atropellado. Foto tomada de 20 minutos

El mascotismo (tenencia de animales salvajes como mascotas) provoca accidentes por negligencia o ignorancia de sus propietarios: fue el caso de un águila a la que cortaron las plumas primarias para que no pudiera volar cuando dejó de ser un pollito inofensivo. Tuvo que pasar por quirófano para hacerle un injerto y esperar que las plumas crecieran en la siguiente muda y aprender a volar.

Los propios animales domésticos también son causantes de heridas graves: no eran raros los casos de tortugas, iguanas… mordidas por perros.

Las trampas, envenenamiento y disparos directos de cazadores, incluso sobre especies protegidas como rapaces, es otra de las causas de tener animales allí. Las aves además, se enfrentan a peligros como tendidos eléctricos, torres de alta tensión, aerogeneradores, cercas de alambre… trampas mortales para muchos de ellos.

Radiografía de águila muerta debido a un disparo de perdigones. Foto tomada de Quo
Radiografía de águila muerta debido a un disparo de perdigones. Foto tomada de Quo

Eran pocos los casos en que las causas de ingreso al centro eran naturales o imposibles de determinar. De hecho, no recuerdo ninguno.

5. ESA SENSACIÓN AL VER UN ANIMAL RECUPERADO VOLAR HACIA LA LIBERTAD

El momento más maravilloso es aquel en el que el animal está preparado para su regreso a la naturaleza. La planificación del cómo y dónde se hará, el viaje hasta el lugar, la insepección in situ del terreno (y si hay suerte, con el avistamiento de otras especies) el momento en el que abres la jaula… y ves aquellos dos cernícalos que has estado alimentando durante meses, elevarse ansiosos hacia el cielo, tú con los prismáticos en mano para verlos alejarse hacia la inmensidad hasta convertirse en diminutos puntos negros… hasta desaparecer. Nunca antes vi materializada de manera más clara la metáfora de lo que es la libertad. Ese sentimiento, como el amor, no se puede explicar.

Quizá es que es amor, al fin y al cabo.

Mireia Querol Rovira

Foto de portada: Mireia Querol. Buitre leonado (Gyps fulvus) en vuelo sobre la Foz de Lumbier (Navarra, 2007).

*Las fotografías de este artículo no pertenecen a los animales del centro de recuperación, se han buscado a modo de ejemplo de las especies mencionadas en el artículo.

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Ofidios ibéricos: culebras majas, víboras venenosas

En mi primera entrada hablé sobre las distintas clases de serpientes que existen basados en la forma de su dentición. En esta entrada hablaré sobre los distintos ofidios que habitan en la Península Ibérica, qué especies son venenosas y cuáles no, y de cómo identificar a las distintas especies que nos podemos encontrar cuando salimos al campo. Como veremos en esta entrada, las serpientes han sido injustamente demonizadas, ya que las especies de nuestro país no representan peligro alguno para nosotros.

INTRODUCCIÓN

En la Península Ibérica se encuentran 13 especies diferentes de serpientes, entre las cuales hay representados tres de los cuatro tipos de dentición de los que hablé en la entrada anterior. Sin embargo no encontramos ofidios proteroglifos, ya que entre los miembros de la família Elapidae no hay ninguna especie europea. El resto de especies ibéricas son en su mayoría o bien culebras (familia Colubridae, aglifas u opistoglifas) o víboras (familia Viperidae, solenoglifas).

Natrix maura bo
Culebra viperina (Natrix maura), serpiente aglifa
Malpolon bo
Culebra bastarda (Malpolon monspessulanus), serpiente opistoglifa
Vipera latastei bo
Víbora hocicuda (Vipera latastei), serpiente solenoglifa

CULEBRAS vs. VÍBORAS

Cuando nos encontramos con una serpiente en la naturaleza es importante poder distinguir si el animal con el que nos hemos cruzado es una culebra o una víbora. Los mordiscos de culebras ibéricas no suelen ser especialmente peligrosos ya que al presentar denticiones poco especializadas (aglifa) o colmillos venenosos posteriores (opistoglifos) no suelen inyectar veneno, o si lo hacen no suelen inyectar demasiado. En cambio las víboras ibéricas al ser solenoglifas, inyectan grandes cantidades de veneno, siendo éstas las principales responsables de incidentes relacionados con mordiscos de serpientes en España. Aun así, los mordiscos son muy poco frecuentes y en su mayoría se dan tras una demasiado prolongada manipulación del animal.

Para poder identificar a una serpiente cómo culebra o víbora hay un conjunto de características anatómicas que las diferencia. Estos caracteres sólo son aplicables a los ofidios ibéricos; las especies de fuera de la península pueden presentar diferentes combinaciones de caracteres.

El carácter más citado es la pupila. En general las víboras presentan una pupila elíptica, delgada y vertical, mientras que las culebras presentan una pupila redonda. Aún así esto es variable, ya que en condiciones de poca luz la pupila de una víbora puede parecer redonda, ya que los ojos de estos animales se adaptan a la oscuridad.

PUPILA
Colúbrido con la pupila redonda (culebra de collar, Natrix natrix) y vipérido con la pupila elíptica (víbora hocicuda, Vipera latastei). Fotos de Honorio Iglesias.

La segunda característica hace referencia a la forma del cuerpo. Mientras que las culebras son esbeltas, sin un cuello diferenciado y con la cola larga y delgada, las víboras son más gruesas, tienen la cabeza triangular, un cuello bien diferenciado y la cola es corta y cónica.

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Culebra de Esculapio (Zamenis longissimus) y víbora cantábrica (Vipera seoanei, foto de Daniel Gómez)

Aunque no siempre es posible fijarse, las escamas pueden servir para saber si una serpiente es una culebra o una víbora. Las víboras siempre tienen escamas carenadas, las cuales presentan una pequeña protuberancia longitudinal en forma de quilla. En cambio las culebras, aunque pueden tener escamas carenadas en su mayoría tienen escamas lisas.

SCALES
Escamas lisas de culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis, foto de Saúl Yubero) y escamas carenadas de víbora áspid (Vipera aspis, foto de Grégoire Meier)

Finalmente mientras que las culebras son serpientes muy activas y que normalmente huyen antes de que podamos acercarnos, las víboras se fían de su camuflaje para evitar a los depredadores, haciendo que se queden quietas sin que las veamos y pueden morder si se sienten acorraladas.

OFIDIOS IBÉRICOS

Familia Colubridae:

Género Coronella: Llamadas culebras lisas, en la Península Ibérica encontramos la culebra lisa europea (Coronella austriaca) que presenta un antifaz oscuro desde los orificios nasales hasta el cuello y marcas oscuras irregulares en la espalda, y la culebra lisa meridional (Coronella girondica) la cual presenta dos marcas en los parietales y marcas oscuras transversales a lo largo de todo el dorso.

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Culebra lisa europea (Coronella austriaca, izquierda, foto de Christian Fischer) y culebra lisa meridional (Coronella girondica, derecha, foto de Evaristo Corral)

Género Hierophis: La culebra verdiamarilla (Hierophis viridiflavus) es una serpiente de colores vivos con manchas y dibujos negros, amarillos y verde claros. Aunque llegan a los 170 cm de longitud no es venenosa. Normalmente se puede encontrar desde bosques templados a campos de cultivo, e incluso hasta en construcciones abandonadas.

Hierophis viri
Culebra verdiamarilla (Hierophis viridiflavus), juvenil (izquierda, de Polypterus) y adulto (derecha)

Género Natrix: Comúnmente llamadas serpientes de agua por su afinidad por los hábitats acuáticos, encontramos dos especies en la Península Ibérica, la culebra viperina (Natrix maura) llamada así por las marcas que presenta en zigzag y las escamas carenadas parecidas a las de las víboras, y la culebra de collar ibérica (Natrix astreptophora) que presenta las pupilas rojizas, una coloración muy variable y un “collar” negro en los ejemplares juveniles.

Natrix mau nat
Culebra viperina (Natrix maura, izquierda, foto de Honorio Iglesias) y culebra de collar ibérica (Natrix astreptophora, derecha foto de Fafner).

Género Zamenis: La culebra de Esculapio (Zamenis longissimus) es un colúbrido inofensivo, largo y delgado con una cabeza alargada y estrecha. Normalmente se encuentra en zonas boscosas, con diferentes variaciones microclimáticas que favorecen su termorregulación. Ésta especie es la que se representa enroscada en la Vara de Esculapio y en la Copa de Higia, símbolos de la medicina y la farmacia respectivamente.

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Culebra de Esculapio (Zamenis longissimus) (derecha por Amiralles).

Género Hemorrhois: La culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis) es un colúbrido aglifo que, aunque puede morder si es tocado o agarrado, no se le considera una especie venenosa. Presenta una marca transversal en la cabeza que toca con ambos ojos y una marca en el cuello en forma de herradura que le da nombre. Es una especie típicamente rupícola.

Hemorrhois hippo
Culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis). Fotos de AccipiterRaúl León.

Género Rhinechis: La culebra de escalera (Rhinechis scalaris) recibe su nombre común por las rayas transversales que presentan los individuos juveniles semejantes a una escalera, aunque los ejemplares adultos simplemente presentan líneas negras longitudinales a lo largo de su cuerpo. Aun siendo una serpiente que puede parecer agresiva, no suele morder y es inofensiva para el ser humano.

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Culebra de escalera (Rhinechis scalaris). Fotos de Matt Wilson (izquierda) y de Fernando Fañanás (derecha).

Género Macroprotodon: Esta es una de las pocas especies venenosas de la península. La culebra de cogulla occidental (Macroprotodon brevis) es un animal que se encuentra en todo tipo de hábitats mediterráneos. Aun siendo venenosa, su pequeña boca opistoglifa y su actitud tranquila la hacen totalmente inofensiva. Presenta una mancha oscura en el cogote y la cabeza es corta y aplanada.

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Culebra de cogulla occidental (Macroprotodon brevis). Fotos de Saúl Yubero y Amiralles respectivamente.

Género Malpolon: Con ejemplares que llegan a los dos metros y medio de longitud, la culebra bastarda o de Montpellier (Malpolon monspessulanus) es el ofidio más grande de la península. Su dentición opistoglifa hace que no inyecte veneno al morder (cosa que no passa casi nunca), aunque los ejemplares más grandes al tener mayor amplitud de boca, pueden clavar los colmillos (aunque los escasos mordiscos suelen ser mordiscos secos de advertencia). Es fácilmente reconocible por las cejas prominentes que presenta y que le dan un aspecto feroz.

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Culebra bastarda (Malpolon monspessulanus). Fotos de Herpetofauna y RuizAraFoto respectivamente.

Familia Viperidae:

Sólo un género en la Península Ibérica con tres especies. Las víboras tienen la cabeza ancha y triangular, el hocico ligeramente elevado y normalemente presentan un dibujo en zigzag en el dorso que les ayuda a camuflarse. Las tres especies son venenosas, aunque gracias a la medicina moderna, los ocasionales mordiscos no suelen ser peligrosos para el ser humano. La víbora aspis o áspid (Vipera aspis) es la serpiente más venenosa de la península, presenta escamas grises y doradas o amarillentas, con manchas negras o verdosas. La víbora hocicuda (Vipera latastei) es la víbora más común de la península i su coloración varía del pardo al gris. Finalmente, la víbora cantábrica (Vipera seoanei) es una víbora de tamaño medio y con una coloración altamente polimórfica.

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Víbora áspid (Vipera aspis, arriba izquierda, foto de Felix Reimann), víbora hocicuda (Vipera latastei, arriba derecha, foto de Honorio Iglesias) y víbora cantábrica (Vipera seoanei, debajo, foto de Andre Schmid).

Como hemos visto, las culebras y las víboras no son tan malas como las pintan. La mayoría de especies huyen del ser humano, y los accidentes y mordiscos ocurren cuando las forzamos a interactuar con nosotros más de la cuenta. Además, los ofidios ayudan a granjeros y agricultores cazando y alimentándose de especies consideradas plagas. Si dejamos a las culebras y las víboras en paz, podremos disfrutar de la belleza de estos animales en harmonía con ellos.

REFERENCIAS

Se han consultado las siguientes fuentes para elaborar los contenidos de esta entrada:

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SERPIENTES: ENSÉÑAME LOS DIENTES Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

La publicación de esta semana trata sobre las serpientes, unos animales que desde la antigüedad han provocado un intenso sentimiento de repulsión en el ser humano. Uno de los principales motivos por el cual las serpientes se encuentran tan arraigadas en el subconsciente humano es por el peligro que representan ya que muchas especies presentan glándulas venenosas conectadas a colmillos especializados. Aunque la mayoría de especies son inocuas para el ser humano, esto no quita que estos animales pongan los pelos de punta a más de una persona.

Los colmillos venenosos aparecieron como una modificación de los dientes maxilares. Según el grado de especialización de la mandíbula y de estos colmillos, las diferentes especies de serpientes se pueden clasificar en cuatro grandes grupos.

AGLIFO (ausencia de surcos):

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Cráneo de pitón reticulada (Python reticulatus)

Ésta es la condición más primitiva, en la que los dientes son sólidos, sin surcos ni colmillos especializados en la inyección de veneno. Esta dentición es la menos especializada, y la encontramos en muchos grupos de serpientes, des de las grandes boas y pitones, como en las primitivas serpientes excavadoras del infraorden Scolecophidia, e incluso algunas especies de la gran familia Colubridae. Los dientes en estos grupos suelen tener todos la misma forma y generalmente el mismo tamaño. Normalmente se suele asociar esta dentición a especies no venenosas y, aunque algunas serpientes aglifas si presenten veneno, normalmente no suelen ser mortales para el ser humano.

OPISTOGLIFO (surcos posteriores):

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Cráneo de serpiente gato de cabeza negra (Boiga nigriceps), un colúbrido del Sud-este Asiático

Estas serpientes poseen veneno inyectado mediante unos colmillos especializados que se encuentran en la parte posterior del maxilar, que apuntan hacia atrás y presentan surcos que canalizan las toxinas hacia la punta del diente. Para inyectar correctamente el veneno, estas serpientes se ven obligadas a mover a la presa hasta el fondo de la boca, cosa difícil si la presa es de tamaño considerable.  Este tipo de dentición se encuentra entre diferentes miembros de la extensa familia Colubridae, dentro de la cual ha evolucionado en dos ocasiones de forma independiente.

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Serpiente real común (Lampropeltis getula), colúbrido de los EEUU

 Aunque la mayoría de serpientes opistoglifas son inofensivas para el ser humano (ya que los colmillos se encuentran muy atrás en la boca y no suelen ser muy grandes) algunas especies pueden llegar a ser mortales como la “boomslang” (Dispholidus typus) y las culebras del género Thelotornis, ya que éstas atacan con la boca muy abierta (hasta 170 grados de apertura para poder clavar con firmeza los colmillos venenosos) y producen unas hemotoxinas muy potentes contra las cuales aún no se ha desarrollado ninguna antitoxina eficaz. Las hemotoxinas son toxinas que degradan los glóbulos rojos colapsando así el sistema circulatorio y causando necrosis en los tejidos colindantes.

PROTEROGLIFO (surcos anteriores):

En estas especies los colmillos venenosos se encuentran en la parte anterior de la boca y suelen ser bastante cortos. Por esto estas serpientes deben presionar momentáneamente al morder para inyectar suficiente cantidad de veneno.

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Cráneo de víbora de la muerte (Acanthophis sp.), animal de nombre engañoso ya que no es una víbora, sino un elàpido australiano

Este tipo de dentición es característico de la familia Elapidae que incluye a cobras y serpiente marinas. Los miembros de esta familia presentan venenos principalmente en forma de neurotoxina (toxinas que inutilizan el sistema nervioso), y se encuentran entre los más potentes de entre todos los vertebrados.

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Cobra escupidora de Mozambique (Naja mossambica)

Además, diferentes elápidos del género Naja, son conocidos como cobras escupidoras, ya que han modificado sus colmillos los cuales presentan unos orificios por donde disparan el veneno al contraer unos músculos de las glándulas venenosas.

SOLENOGLIFO (surcos en tubo):

Ésta es la forma más evolucionada y se encuentra exclusivamente en la familia Viperidae. En éstas, el maxilar se encuentra reducido y sirve de soporte a un único par de colmillos con un conducto interior, los cuales pueden llegar a medir la mitad de la longitud del cráneo.

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Cráneo de serpiente de cascabel (Crotalus sp.)

Estos colmillos se encuentran normalmente plegados contra el techo de la cavidad bucal, aunque se pueden articular respecto al resto del cráneo cuando abren la boca hasta 180 grados para morder. Esto provoca que claven los colmillos muy profundamente y que inyecten grandes cantidades de veneno, que aun no siendo tan potente como el de las serpientes proteroglifas, en grandes cantidades puede ser mortal.

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Víbora bufadora (Bitis arietans), mostrando cómo se articulan los colmillos con el cráneo

La taxonomía interna de las diferentes familias de serpientes se basa en multitud de caracteres anatómicos diferentes. La clasificación que aquí he presentado sólo hace referencia a la forma de su dentición, y no está correlacionada directamente con las relaciones evolutivas entre los diferentes grupos. Por ejemplo, dentro de la familia Colubridae (familia que incluye a dos tercios de les serpientes actuales) encontramos especies con denticiones aglifas, opistoglifas i proteroglifas. Aún así, la forma proteroglifa es característica de la familia Elapidae, en la que también evolucionó de forma independiente.

Referencias:

Se han consultado las siguientes fuentes para elaborar los contenidos de esta entrada:

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