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¿Por qué los perezosos son tan lentos?

De aspecto simpático, los perezosos llaman la atención por ser los mamíferos más lentos del mundo, tener pelo verde y unas garras dignas de película de terror. ¿Te atreves a descubrir más?

¿QUIÉNES SON LOS PEREZOSOS?

Los perezosos son animales de costumbres arborícolas (habitan las selvas húmedas de Centro y Sudamérica) y es por ello que podríamos confundirlos con un primate. En realidad pertenecen a un grupo muy diferente, dentro del mismo orden en el que se incluyen los osos hormigueros y tamandúes (Orden Pilosa). Son también parientes (aunque un poco más lejanos) de los armadillos. Actualmente las seis especies existentes se clasifican en perezosos de dos dedos y perezosos de tres dedos, aunque se conocen muchas especies extintas (algunas de ellas gigantes).

Perezoso de tres dedos (Bradypus variegatus). Foto: Stefan Laube

Tienen las patas provistas de garras en forma de garfio que les permiten colgarse perfectamente de las ramas, hasta quedan sujetos si se duermen colgando. Pero por el suelo se arrastran con torpeza con las garras de las patas delanteras, que son más fuertes. El perezoso de tres dedos, además, es un buen nadador.

A diferencia de osos hormigueros y tamandúes, tienen la cara redondeada y no presentan dientes delanteros. Los dientes traseros funcionan como trituradores y crecen continuamente.

Son de hábitos solitarios.

Perezoso de dos dedos (Choloepus hoffmanni). Foto: Masteraah

CAMUFLAJE CASI PERFECTO

Los perezosos se caracterizan por tener un grueso y áspero pelaje, de colores que van del marrón grisáceo al marrón oscuro, negro e incluso blanquecino. Este color, sumado a la lentitud de sus movimientos les permite pasar desapercibidos. En caso de peligro, se quedan quietos y si son descubiertos por sus depredadores propinan un golpe con sus grandes garras.

A pesar de todo, el pelaje de los perezosos puede presentar un color verdoso, debido a algas que crecen entre los pelos. El pelaje externo también es hogar de animales como garrapatas, ácaros, escarabajos e incluso polillas.

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Perezoso en el que se observa el cambio de color de su pelaje a verde, debido a las algas que crecen encima suyo. Foto: desconocido.

REPRODUCCIÓN

Después del apareamiento, la gestación del perezoso dura 5-6 meses. Nace una sola cría, que se cuelga de la panza de su madre gracias a sus garras bien formadas. Mamará durante un mes, después del cual permanecerá agarrada a la madre para aprender los patrones de alimentación.

Perezoso con su cría. Foto: John Martin

¿QUÉ COMEN?

A diferencia de sus parientes, que se alimentan principalmente  de insectos como hormigas o termitas, los perezosos son folívoros o filófagos, es decir, se alimentan de hojas, brotes y yemas de los árboles (en especial de la Cecropia). Algunas especies complementan su dieta con insectos y con las algas de su pelaje.

Perezoso de tres dedos (Bradypus variegatus) comiendo. Foto: Christian Mehlführer

Se desplazan muy lentamente por los árboles con sus garras en forma de gancho mientras se alimentan. Vivir en los árboles también les resulta una buena estrategia para evitar a sus depredadores (anacondas, águilas arpías, pumas y jaguares, humanos…).

Además de esta lentitud, sus músculos son pequeños y débiles para el tamaño de su cuerpo (tienen un 30% menos de masa muscular que otros mamíferos de su tamaño). Su metabolismo también es extremadamente lento comparado con el de otros mamíferos, tanto es así que su temperatura corporal es baja (unos 30ºC). Los perezosos de tres dedos tienen el metabolismo más lento de todos los mamíferos y los de dos dedos ocupan el tercer lugar, por detrás del oso panda.

¿POR QUÉ SON TAN LENTOS?

Observa en este vídeo los lentos movimientos del perezoso:

Los perezosos son tan lentos que tardarían cinco minutos en cruzar una calle de anchura estándar. Debido a que su alimentación es casi exclusivamente folívora, la energía que obtienen de las hojas es muy escasa. Las hojas apenas tienen energía y la poca que tienen, es muy difícil de extraer. Como todos sabemos, la misma cantidad de carne aportaría más energía. Otros animales herbívoros suplementan su dieta vegetal con frutos secos o fruta, que dan un aporte extra de energía, pero el perezoso no lo hace.

Para contrarrestar este inconveniente, los perezosos presentan dos adaptaciones principales:

  • Estómago muy grande (un tercio de su cuerpo) con varias cámaras para extraer el máximo de energía de las hojas. Ésto conlleva digestiones de cinco o siete días, incluso semanas.
  • Utilización mínima de la energía, que se traduce en no moverse mucho y en utilizar poca energía para el mantenimiento de su temperatura corporal. Para alimentarse sin consumir mucha energía, viven casi permanentemente en los árboles y sólo bajan a tierra una vez a la semana, para defecar o cambiar de árbol si no pueden moverse por las ramas al árbol de al lado. La mayor parte de su tiempo lo emplean en comer, descansar o dormir.

IMPORTANCIA ECOLÓGICA

Los perezosos son grandes dispersadores de semillas y fertilizan el suelo con sus excrementos.

Como se ha comentado antes, en el pelaje de los perezosos viven algas y polillas, entre otros seres vivos. La relación simbiótica que establecen es fascinante. Los perezosos solo bajan de los árboles una vez a la semana para defecar. En ese momento, las polillas depositan sus huevos en las heces del perezoso; las larvas de polilla que salgan de ellos se alimentaran de las heces. Una vez adultas, las polillas vuelan hacia el pelaje del perezoso, donde vivirán y se aparearán. Las polillas muertas serán descompuestas por los hongos que viven en el pelaje, y las transformarán en amonio, fosfatos y nitratos que ayudarán a crecer a las algas. Según se cree, el perezoso complementa su dieta con estas algas, ricas en biolípidos y otros nutrientes.

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Relación simbiótica de perezosos, algas, hongos y polillas (clic para ampliar). Fuente: ver imagen

Además,  las especies de micro y macroorganismos que viven en su pelaje tienen sustancias contra bacterias, células cancerosas y parásitos como Plasmodium, responsable de la malaria y Trypanosoma, responsable del mal de Chagas.

ESTADO DE CONSERVACIÓN

De las seis especies conocidas, según la Lista Roja de la IUCN los perezosos de  tres dedos Bradypus pygmaeus y Bradypus torquatus se encuentran en “peligro crítico” de extinción y “vulnerable”, respectivamente. El resto están en “preocupación menor”. Como suele ser habitual, la destrucción del hábitat es la principal amenaza a la que se enfrentan los perezosos actualmente. Debido a su lentitud, son afectados rápidamente por la destrucción de los bosques que conlleva el avance urbano o son atropellados al intentar cruzar las carreteras.

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Perezoso cruzando una carretera. Foto: Ian D. Keating

A pesar de que son totalmente inofensivos, algunas personas también los agreden o matan pensando que son peligrosos.

Desgraciadamente, su cara simpática y aspecto dócil ha llevado a algunas personas a tenerlos como mascotas. Nunca nos cansaremos de decirlo: los animales salvajes no son mascotas. Fuera de su hábitat no se pueden cubrir sus necesidades físicas, nutricionales ni psicológicas. Además, su extracción de la naturaleza es traumática (suelen matar a la madre para capturar a las crías) y el transporte y almacenamiento se dan en condiciones insalubres.

Perezoso enjaulado. Foto: desconocido
Perezosos enjaulado. Foto: desconocido

La protección de su hábitat y leyes a favor de los perezosos son las acciones de conservación prioritarias, además de la existencia de centros de rescate de perezosos heridos o huérfanos.

Cría de perezoso rescatada. Foto: Becca Field

¿QUÉ PUEDES HACER TÚ?

La educación es el pilar más importante para empezar a respetar la naturaleza. Informa a las personas de tu alrededor de las características únicas de estos animales, explica que no son peligrosos para evitar agresiones hacia ellos y hazles comprender el sufrimiento que les supone vivir encerrados como mascotas. Si vives en una zona donde hay perezosos, llama a las autoridades si ves alguno en peligro, intentando cruzar la carretera, por ejemplo.

Si quieres profundizar en el tema, puedes visitar la lección TED-Ed sobre los perezosos, en la que está inspirado este artículo.

Mireia Querol Rovira

Foto de portada: Getty

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¿Cómo se comunican los cetáceos?

No podemos imaginar nuestras vidas sin comunicación, pero no somos la única especie animal que utiliza la comunicación como una forma de intercambiar información. En este post, explicaremos cómo es la comunicación de los cetáceos. 

¿CÓMO SE COMUNICAN LOS CETÁCEOS?

Dado que hay especies altamente sociales entre los cetáceos, es esencial comprender el papel que desempeña la comunicación en la regulación de las interacciones sociales en ellos. Cuando pensamos en la comunicación, generalmente solemos asociarla con la comunicación acústica, y, de hecho, ésta es la forma principal para los cetáceos; pero existen otros tipos, como la comunicación química, visual o táctil.

LA COMUNICACIÓN ACÚSTICA: LA MÁS IMPORTANTE

La comunicación acústica es la forma más importante de comunicación en los cetáceos y la razón es que la transmisión del sonido en el agua es muy rápida. Incluye tanto la vocal como la no vocal. En algunas especies puede ser muy compleja, ya que algunos de ellos tienen dialectos.

Debido al hecho de que los cetáceos dependen del sonido, algunas actividades como las prospecciones sísmicas pueden interferir en su comportamiento y amenazar su supervivencia.

COMUNICACIÓN NO VOCAL

La comunicación no vocal consiste en producir sonidos sin utilizar el aparato vocal, como el uso de aletas o aletas para golpear la superficie del agua, golpes con la mandíbula, rechinar los dientes o emitir burbujas. Al golpear con la cola, los cetáceos transmiten la presencia de una amenaza o angustia.

El breaching es el comportamiento típico de la mayoría de los cetáceos en el cual saltan vigorosamente en el aire. El sonido originado puede viajar varios kilómetros y se cree que es un mecanismo de espaciamiento, para mantener el contacto acústico o para informar sobre la estimulación sexual, la ubicación de alimento o una respuesta a una lesión o irritación. También puede ser una manera de eliminar los parásitos y la piel muerta. Se necesitan más estudios sobre el propósito del breaching.

LA COMUNICACIÓN VOCAL EN CETÁCEOS ES MUY COMPLEJA

Considerando la comunicación vocal, odontocetos y misticetos son muy diferentes. Por este motivo, los vamos a explicar por separado.

MISTICETOS

El sonido de las ballenas barbadas tiene una función social, como mantener el contacto cuando están a largas distancias, llamadas de unión, avisos sexuales, saludos, espaciamiento, amenazas e identificación individual. Es probable que utilicen el sonido como una forma de sincronizar actividades biológicas o conductuales, como la alimentación o la reproducción. Puedes leer más sobre la comunicación de las ballenas aquí.

Los científicos están de acuerdo en que hay tres (más uno) tipos de sonidos en los misticetos:

  • Gemidos de baja frecuencia (1-30 segundos, 20-200 Hz). Estos sonidos pueden ser tonos puros, como en el caso de los rorcuales comunes (Balaenoptera physalus) o sonidos complejos con estructura armónica. Estos sonidos se utilizan en la comunicación a larga distancia. Por ejemplo, los gemidos a 20 Hz de las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) pueden atravesar la mayoría de los obstáculos y recorrer cientos de kilómetros para llegar a sus congéneres para la comunicación. Se ha sugerido que, sin obstáculos, este tipo de sonidos puede viajar de polo a polo. Asombroso, ¿verdad? Puedes escuchar la llamada del rorcual común aquí.
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Rorcual común (Balaenoptera physalus) (Foto: Circe).
  • Thumps o knocks cotos (< 1 segundo, < 200Hz). Estos sonidos son producidos por ballenas francas (Eubalaena sp), ballenas de Goenlandia (Balaena mysticetus), ballenas grises (Eschrichtius robustus), rorcuales comunes y rorcuales aliblancos (Balaenoptera acutorostrata).  Se relacionan estos sonidos con contextos sociales y actividad.  Aquí puedes escuchar a una ballena gris.
  • Chirridos y silbidos (> 1kHz, <0.1 segundos). Estos sonidos son producidos por la mayoría de las ballenas.
  • Canciones de ballenas jorobadas. Aquí puedes escchar algunas canciones de ballenas jorobadas:

ODONTOCETOS

Según los científicos, los sonidos de los odontocetos pueden dividirse en dos categorías:

  • Sonidos pulsados. Todos los cetáceos dentados producen este tipo de sonidos y se pueden usar para la ecolocación (la producción de ondas de sonido de alta frecuencia y la recepción de ecos para localizar objetos e investigar el entorno) o la comunicación.echolocation, dolphin, ecolocalizacion, delfines, comunicacion odontocetos, odontocete communicationEcolocación en delfines.

Se pueden subdividir en dos categorías:

  • Trenes de pulsos o clics. Los trenes de clics consisten en secuencias de pulsos acústicos (50 μs, 5-150kHz) repetidos a lo largo del tiempo. Están relacionados con la ecolocación. Las especies pueden tener una composición espectral amplia, como en los delfines mulares (Tursiops truncatus), o tener una composición de banda estrecha, como en los narvales (Monodon monoceros). En este tipo de sonido pulsado, los animales producen de 1-2 a centenares de clics por segundo. Puedes escuchar los clics del delfín mular aquí.
  • Pulsos explosivos (20-100 kHz). Estos trenes de pulsos de alta velocidad de repetición consisten en producir un pulso cada menos de 5 μsegundos, que los humanos escuchan como un sonido continuo. Tienen funciones comunicativas y sociales. En este vídeo, puedes escuchar estos sonidos en un encuentro agresivo entre delfines:

  • Sonidos tonales de banda estrecha (silbidos) (5-85kHz). Se cree que los silbidos se producen solo con fines de comunicación y no todos los odontocetos los producen. Debido a que son sonidos de baja frecuencia, estos sonidos pueden viajar distancias más largas que los sonidos pulsados. Algunas especies, como los delfines mulares, pueden producir silbidos y clics al mismo tiempo, lo que permite mantener la comunicación y la coordinación durante la búsqueda de alimentos por ecolocación. Incluso en algunas especies, como los delfines mulares, existen silbatos firma; es decir, un silbido tan distintivo que sirve para identificar al animal, como si fuera su nombre. ¿Quieres saber más sobre los silbatos firma? Mira el vídeo:

COMUNICACIÓN QUÍMICA EN CETÁCEOS

La comunicación química incluye el olor y el sabor. A pesar de que es importante en los mamíferos terrestres, en los mamíferos marinos es limitado.

El sistema olfatorio en los cetáceos es casi inexistente, ya que no hay nervios, bulbos y tractos olfativos en odontocetos adultos y se reducen en gran medida en los misticetos adultos. Además, todos los cetáceos cierran sus espiráculos bajo el agua.

Por otro lado, el gusto es más importante. Por ejemplo, los delfines mulares tienen la capacidad de discriminar soluciones agrias, dulces, amargas y saladas. Sin embargo, son menos sensibles a las diferentes concentraciones de sal, lo que es una adaptación al medio marino.

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Los delfines mulares (Tursiops truncatus) pueden discriminar soluciones agrias, dulces, saladas y amargas (Foto: NASA, Creative Commons).

Otras especies, como las belugas (Delphinapterus leucas), liberan feromonas para alarmar a sus compañeros y, con sangre en el agua, escapan rápidamente o se excitan desproporcionadamente.

COMUNICACIÓN VISUAL

La visión bajo el agua está limitada por los niveles de luz, la materia orgánica y la profundidad. Las señales visuales pueden ser de diferentes tipos, como las características dimórficas sexuales, las posturas corporales y los patrones de coloración, que son simples; o más complejas como secuencias de comportamientos, que indican un contexto, especie, edad, sexo o condición reproductiva.

Para los cetáceos, las señales visuales son una alternativa a la comunicación acústica cuando los animales están cerca. En el caso de los odontocetos, las exhibiciones visuales consisten en comportamientos, coloración y rasgos morfológicos.

Por ejemplo, los narvales machos tienen largos colmillos en espiral y los machos de varios zifios tienen dientes inferiores que sobresalen fuera de la boca. En esos casos, pero no son los únicos, se trata de características sexualmente dimórficas que pueden desempeñar un papel importante en la regulación de las relaciones sociales y el apareamiento.

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Los narvales macho (Monodon monoceros) tienen colmillos espirales que regulan las relaciones sociales y el apareamiento (Foto: NOAA).

Las especies de delfines de aguas claras muestran patrones de coloración en el cuerpo, como manchas, parches, capas o rayas longitudinales, como el delfín listado (Stenella coeruleoalba).

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Delfin listado (Stenella coeruleoalba) (Foto: Scott Hill National Marine Mammal Laboratory, Creative Commons).

Por último, los gestos también son importantes en los cetáceos, como las exhibiciones de amenaza con la mandíbula abierta, los saltos aéreos, el movimiento de las aletas pectorales, los golpes de cola y las posturas en forma de S. La postura y los comportamientos también pueden informar sobre depredadores, presas o sincronizar acciones entre individuos para coordinar el grupo o para la interacción social.

En este vídeo, puedes ver un delfín mostrando un comportamiento de amenaza con la mandíbula abierta.

En este otro, una ballena jorobada da golpes de cola.

COMUNICACIÓN MEDIANTE EL TACTO

Los cetáceos pueden usar su nariz, la cola, las aletas pectorales, la aleta dorsal, los flancos, el abdomen y todo el cuerpo como medio de comunicación al tocar a otros animales. Las señales táctiles generalmente se usan junto con otros tipos. Este tipo de comunicación se ha observado en todos los cetáceos. El contacto corporal no solo sirve como una vía de comunicación, sino que también puede servir para eliminar la piel muerta.

Por ejemplo, las ballenas grises (Eschrichtius robustus) de la Laguna de San Ignacio (México) se frotan bajo pequeñas embarcaciones y toleran las caricias de los turistas. Puedes verlo aquí:

Los delfines moteados del Atlántico (Stenella frontalis), los delfines mulares, las ballenas jorobadas y las ballenas francas del Atlántico Norte (Eubalaena glacialis), entre otros, frotan suavemente sus cuerpos con sus congeneres y es común entre madres y crías.

REFERENCIAS

  • Berta, A; Sumich, JL & Kovacs, KM (2006). Marine mammals. Evolutionary biology. UK: Academic Press.
  • Dudzinkski, KM; Thomas, JA & Gregg, JD (2009). Communication in Marine Mammals. En Perrin, WF; Würsig, B & Thewissen, JGM (Ed.). Encyclopedia of Marine Mammals (260-269). Canada: Academic Press.
  • Foto de portada: Gregory “Slobirdr” Smith, Creative Commons.

Algunos insectos y otros artrópodos que no deberías confundir

A través de las redes sociales se comparten con demasiada frecuencia noticias y artículos poco contrastados o sensacionalistas sobre insectos y otros artrópodos. Muchos de estos enlaces dan información poco ajustada y generan confusión entre los usuarios aficionados, llevando a malas identificaciones, a confundir unos organismos con otros y a generar rechazo o alarmismos innecesarios.

En este artículo, te presentamos un pequeño listado de insectos y otros artrópodos que suelen confundirse y te explicamos cómo diferenciarlos. ¡Que no te den gato por liebre!

Arañas VS “Cualquier cosa que se les parezca”

Probablemente las arañas (Orden Araneae) sean de los artrópodos que más inquietudes despiertan por dos motivos: pueden picar y hay muchos organismos que se les parecen. Así pues, es bastante comprensible que la gente tenga dudas de cualquier organismo que presente ocho patas largas y cara de pocos amigos.

Sin embargo, la mayoría de organismos similares a las arañas no son venenosos ni construyen telarañas:

Opiliones: a diferencia de otros arácnidos, los opiliones (Orden Opiliones) carecen de un estrechamiento o cintura que divida su cuerpo en dos partes (prosoma y opistosoma), por lo que a simple vista parecen “una bola con patas”. Además, sólo presentan un par de ojos centrales muy cercanos entre sí. Tampoco presentan glándulas venenosas ni hileras para la síntesis de seda, por lo que no pueden picar ni construir telarañas. Son habituales en lugares húmedos, cuevas y zonas cercanas a riachuelos, así como en cultivos. Suelen confundirse con arañas de la familia Pholcidae por la longitud de sus patas.

Araña de la especie Pholcus phalangioides (Pholcidae) (Imagen de Olaf Leillinger, CC 2.5)
Opilión (Imagen de Dalavich, CC 3.0)

Solífugos: también conocidos como arañas camello, los solífugos (Orden Solifugae) son unos arácnidos tropicales algo particulares, ya que presentan el cuerpo claramente segmentado y unos grandes quelíceros proyectados hacia delante. Sin embargo, y a pesar de la amenazadora apariencia de sus quelíceros, no son venenosos (aunque su mordedura puede ser dolorosa). Tampoco construyen telarañas. Habitan lugares áridos o desérticos; muchos son nocturnos, y los diurnos se mueven activamente en busca de sombras para huir del sol (de ahí su nombre).

Araña camello o solífugo (Imagen de Swen Langel, CC 2.0).

Amblipigios: los amblipigios (Orden Amblypygy) son típicamente tropicales. A pesar de su aparente agresividad, son inofensivos dado que carecen de glándulas venenosas. Sus pedipalpos son grandes, llenos de espinas y acaban en pinza, mientras que el primer par de patas es extremadamente largo, muy fino y articulado. No construyen telarañas y son nocturnos.

Amblipigio (Imagen de José Eugenio Gómez Rodríguez en Flickr, CC 2.0)

Cochinillas de la humedad VS Milpiés

Eres un niño y estás jugando en el campo o un parque y, de repente, bajo una piedra o un tronco húmedo encuentras un pequeño animal con muchas patas y que se hace una bola al tocarlo. Seguro que a más de uno le resulta familiar esta escena.

Bicho bola o cochinilla de la humedad. Las cochinillas pertenecen al suborden Oniscidea, formado por crustáceos terrestres (Orden Isopoda). Su exoesqueleto es rígido, segmentado y calcáreo, y habitan lugares húmedos.

Armadillidium vulgare, Oniscidea (Imagen de Franco Folini, CC 2.5)

Los oniscídeos de la familia Armadillidae, como las cochinillas de la humedad, se confunden fácilmente con los Oniscomorpha, un superorden de milpiés (Subfilo Myriapoda, Clase Diplopoda) de cuerpo corto y de apariencia externa muy similar a los oniscídeos fruto de una evolución convergente. Igual que las cochinillas, también adoptan forma de bola para protegerse.

Glomeris marginata, Oniscomorpha (imagen de Stemonitis, CC 2.5).

Para diferenciarlos, basta con contar las patas que se observan por segmento: si sólo presenta un par (una a cada lado), es una cochinilla; si presenta dos pares (dos a cada lado), es un milpiés.

Abejas y avispas VS Sírfidos

En este artículo tratamos en detalle las diferencias más relevantes entre abejas y avispas (Orden Hymenoptera). En esta ocasión, os presentamos a los sírfidos (Orden Diptera, Suborden Brachycera, Familia Syrphidae), unas moscas que guardan un parecido razonable con estos himenópteros.

La similitud de los sírfidos con abejas, avispas y abejorros constituye un claro ejemplo de mimetismo batesiano, del cual hablamos ampliamente en esta entrada sobre el mimetismo animal.  En este caso, además, su mimetismo va más allá de la coloración, pues algunos imitan el vuelo y el zumbido de estos himenópteros.

Sírfido (Imagen de dominio público, CC0).
Abeja melífera (Imagen de Andy Murray en Flickr, CC 2.0)

Para diferenciarlos, basta con fijarse en los ojos, las antenas y las alas: los sírfidos, como moscas que son, presentan unos ojos muy grandes que ocupan gran parte de la cabeza, unas antenas muy cortas de ocho o menos segmentos (a veces casi inapreciables) y un solo par de alas para volar (el segundo par está reducido formando unos órganos de equilibro diminutos, los halterios), mientras que abejas y avispas presentan unos ojos más reducidos que ocupan sólo los laterales de la cabeza, unas antenas más largas, con diez o más segmentos y dos pares de alas funcionales. Además, las hembras de sírfido no presentan el abdomen terminado en aguijón, así que son inofensivas.

Mariquitas VS Pyrrhocoris apterus

Si buscáis en Internet imágenes de mariquitas, seguro que alguna vez os habéis encontrado con fotografías de este insecto:

Imagen de dominio público (CC0)

Este pequeño insecto es Pyrrhocoris apterus, muy frecuente en el Paleártico (desde Europa hasta China), y citado también en USA, América Central y en la India. Es fácil de observar sobre las malvas (Malva sylvestris), de las cuales ingiere la savia y las semillas, y normalmente aparece en grandes grupos dado su comportamiento gregario (especialmente sus formas inmaduras).

Las mariquitas son escarabajos (Orden Coleoptera) de cuerpo globoso, su alimentación es esencialmente carnívora (pulgones) y pueden volar. Su primer par de alas está endurecido (élitros) formando una especie de caparazón que esconde el segundo par de alas membranoso.

Mariquita de la especie Coccinella septempunctata (Imagen de dominio público, CC0)

En cambio, Pyrrhocoris apterus es una chinche (Orden Heteroptera) de cuerpo deprimido, fitófaga y, al contrario que las mariquitas y otras chinches, no puede volar. Además, no presentan un caparazón endurecido.

Mantis VS Mantíspidos

En esta entrada hablamos ampliamente sobre las mantis (Orden Dyctioptera), las cuales son a primera vista muy similares a este insecto:

Mantispa styriaca (Imagen de Gilles San Martin en Flickr, CC 2.0)

Este insecto pertenece a la familia de los mantíspidos (Orden Neuroptera, Familia Mantispidae), la cual está muy bien representada en países tropicales y subtropicales, y con tan sólo algunas especies conocidas de Europa. Presentan unas patas anteriores raptoras que recuerdan a las de las mantis y con las que sujetan a sus presas, las cuales suelen ser insectos de cuerpo blando.

Los neurópteros, como los mantíspidos, las crisopas o las hormigas león, presentan dos pares de alas de tamaño similar con una venación muy compleja y ramificada. En los mantodeos, en cambio, las primeras son más pequeñas y endurecidas que las segundas, las cuales son grandes y membranosas; además, no presentan una venación tan compleja.

Mantis (Imagen de Shiva shankar, CC 2.0)

Los mantíspidos de los géneros Climaciella y Entanoneura tienen una coloración y un aspecto similar a una avispa, pero son totalmente inofensivos.

Climaciella brunnea (Imagen de Judy Gallagher en Flickr, CC 2.0)

Mosquitos VS Típulas

Seguro que alguna vez has visto una especie de mosquito gigante, de varios centímetros de longitud, y te has asustado pensando en su picadura. Pues bien, no hace falta que te asustes más.

Estos grandes “mosquitos” (Orden Diptera) se conocen como típulas (Familia Tipulidae) y son totalmente inofensivas (y algo torpes). Se distribuyen por todo el mundo y suelen habitar lugares húmedos, como prados y riachuelos. En su forma adulta, se alimentan de néctar o no se alimentan (¡no succionan sangre!), y se dedican exclusivamente a la búsqueda de pareja. Las hembras presentan el abdomen con una terminación que recuerda a un aguijón, hecho que les da un aspecto amenazador; sin embargo, tan sólo se trata del ovopositor con el que realizan la puesta.

Típula (Imagen de Irene Lobato Vila)

Libélulas VS Caballitos del diablo

Ambos grupos pertenecen al Orden Odonata y tienen un aspecto y unos hábitos bastante similares, siendo frecuentes en zonas con aguas estancas o poco móviles.

Unas 2/3 partes de los Odonata son libélulas (suborden Anisoptera), mientras que casi todo el resto son caballitos del diablo (suborden Zygoptera). Una forma rápida y eficaz de diferenciarlos es mediante la observación de sus alas en reposo: en las libélulas, éstas quedan extendidas en posición horizontal con el suelo (no las pliegan), mientras que, en los caballitos del diablo, éstas quedan plegadas en posición vertical.

Por otro lado, los ojos de las libélulas son grandes y se tocan en el vértice de la cabeza, de la cual ocupan una gran superficie, mientras que los de los caballitos del diablo son más pequeños y laterales.

Libélula (Imagen de dominio público, CC0)
Caballito del diablo (Imagen de Xosema, CC 4.0)

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Si conoces más insectos u otros artrópodos que generen confusión, ¡no dudes en comentárnoslo!

Referencias

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¿Qué está causando la muerte masiva de las nacras?

Las nacras son el molusco más emblemático del Mediterráneo ya que sólo viven en este mar. Su drástica reducción debido a un parásito ha llevado a los científicos a declararla como en peligro de extinción. ¡No te pierdas este post para saber más sobre las nacras y qué las está llevando a la extinción, además de qué se está haciendo y puedes hacer tu para salvar a la especie!

¿QUÉ ESTÁ CAUSANDO LA MUERTE MASIVA DE LAS NACRAS?

LA NACRA, LA AFECTADA

Las nacras (Pinna nobilis) son moluscos de la clase de los bivalvos. Esto significa que presentan un caparazón formado por dos valvas laterales, las cuales se unen por una bisagra.

La concha de las nacras tiene forma de oreja, de ahí su nombre científico (Pinna), ya que presenta la parte superior redondeada y la inferior acaba en punta. Es por la punta inferior que se entierran en el sustrato para sujetarse en el fondo marino. Puede llegar a  medir un metro de largo.

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La nacra (Pinna nobilis) tiene forma de oreja, de ahí su nombre científico (Foto: Doruk Aygün, Creative Commons).

La nacra es el molusco más característico del Mediterráneo, puesto que es en este mar el único lugar en el mundo donde viven. Se trata, pues, de una especie endémica del Mediterráneo. Se suelen encontrar asociadas a las praderas de Posidonia y su presencia sirve como indicador de buena calidad del agua.

Entre sus amenazas se encuentran la captura por parte de submarinistas, la contaminación y el fondeo de las embarcaciones en las praderas de Posidonia. Ahora, de todos modos, hay que añadir una nueva amenaza: un protozoo, que la ha llevado a estar en peligro de extinción.

UN PROTOZOO, EL CULPABLE

Un  parásito que afecta al sistema digestivo de las nacras es el culpable de que estén en peligro de extinción. En concreto, se trata de un protozoo del género Haplosporidium, el cual penetra en la glándula digestiva. Cómo ha entrado el patógeno a las nacras es todavía un misterio.

De todos modos, debe de ser un patógeno muy especifico, puesto que no ha afectado a su especie “hermana”, la Pinna rudis, la cual vive en las mismas zonas.

SITUACIÓN ACTUAL

A principios de otoño del 2016 se detectó una muerte masiva de nacras de la especie Pinna nobilis en varios puntos de la costa española mediterránea.

Un estudio llevado a cabo por el Centro Oceanográfico de Baleares del Instituto Español de Oceanografía (IEO) ha concluido que en la mayor parte del litoral mediterráneo español  hay elevadas tasas de mortalidad, de hasta un 100% en algunos puntos, especialmente en las poblaciones de Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana e Islas Baleares. De hecho, este es el evento de mortalidad masiva que ha afectado más a la nacra hasta la fecha.

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Mapa sobre la situación de Pinna nobilis en diferentes tramos de la costa del Mediterráneo Occidental (Fuente: Vázquez-Luis et al. 2017).

En este vídeo podéis ver un episodio de mortalidad de nacras en el Tangó de Xàbia:

Afortunadamente, las poblaciones de la costa catalana todavía persisten, especialmente las situadas en el Cap de Creus y en el Delta del Ebro.

Además, su alta tasa de propagación podría llevar a una situación todavía peor. Es por este motivo que se ha declarado como una especie en peligro crítico de extinción.

¿CÓMO SE ESTÁ SALVANDO A LA NACRA?

Un proyecto del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente del Gobierno de España, con un coste de 491.521 euros, pretende rescatar a 215 ejemplares de nacras.

El proyecto consiste en su extracción, rescate y conservación en diferentes centros, con el objetivo final de mantener a los ejemplares sanos para evitar su infección, mantener la especie, disponer de una reserva genética y, en el futuro repoblar sus hábitats de nuevo e intentar reproducir la especie en cautividad.

Os dejamos con otro vídeo, en el que se explica qué se está haciendo concretamente.

¿QUÉ PUEDO HACER YO?

Según un decálogo publicado por la Sociedad Española de Malacología, esto es lo que se debe hacer en el caso de encontrarse con una nacra.

Si el ejemplar está vivo:

  1. No molestar, ni dañar ni arrancar al animal.
  2. No tocar al animal bajo ningún concepto, puesto que el protozoo genera muchas esporas y podríamos contaminarlo.
  3. No molestar al animal poniéndonos encima, iluminándolo con una linterna o intentando abrir sus valvas.
  4. Intentar identificar la especie de Pinna. Los ejemplares jóvenes de P. nobilis y P. rudis se pueden distinguir por el número y tamaño de las costillas de las valvas: en P. nobilis son mucho más pequeñas y numerosas. En ejemplares de mayor tamaño es más complicado.  Puedes obtener más información aquí.
  5. Si el animal está recubierto de organismos, incluso si lo están de especies exóticos invasoras, hay que dejar el animal sin tocar y sin limpiar.
  6. Si el molusco está vivo pero tumbado en el fondo, no tocar para no dañarlo ni infectarlo.
  7. Si vemos que hay buceadores u otras personas tocando o molestando a un animal, deberemos de apartarle delicadamente del animal.
  8. Si vemos que un buceador o pescador ha capturado un animal vivo e intenta sacarlo del agua o lo ha hecho, deberemos de devolverlo al mar lo antes posible y llamar al teléfono 112 para que las autoridades competentes  tomen las medidas oportunas.
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Pinna rudis se distingue de Pinna nobilis por la presencia de costillas y escamas más grandes y en menos cantidad (Foto: Creative Commons)

Si el ejemplar está muerto:

  1. Si encontramos una concha vacía, debemos de dejarla en el agua. Se trata de una especie protegida.
  2. Si encontramos una nacra muerta con restos del organismo no la debemos tocar ni mover para no expandir al patógeno.

Otras medidas complementarias: 

  1. Si vamos a bucear con barco o a navegar, en ningún caso echaremos el ancla si el fondo es de Posidonia.
  2. Si hemos buceado en zonas con mortandad de nacras, debemos de limipar el equipo con lejía diluida o detergente para evitar la propagación del patógeno a otras zonas.
  3. Si ves algún ejemplar vivo o recién muerto de Pinna nobilis, comunícalo a bzn-biomarina@mapama.es y a cob@ba.ieo.es con el asunto “Nacra”.

REFERENCIAS

Artrópodos venenosos y tóxicos: ¿cuáles son y en qué se diferencian?

Después de los posts sobre mamíferos, peceslagartos venenosos, desde All you need is Biology os traemos un artículo sobre artrópodos venenosos y tóxicos. Sigue leyendo para saber en qué se diferencian y cuáles generan este tipo de sustancias (y cómo lo hacen). ¡Te sorprenderá!

Animal venenoso vs tóxico

Aunque solemos usar estos términos como sinónimos, ¿significan realmente lo mismo? La respuesta es NO.

Un animal venenoso presenta órganos o elementos (colmillos, dientes, aguijones) para inocular veneno activamente con el fin de atacar o defenderse; en cambio, un animal tóxico no presenta órganos para la inoculación directa, sino que la sustancia tóxica es generada en ciertos tejidos o glándulas especializadas (o adquirida a través de la dieta) y liberada pasivamente como defensa; a veces, la toxina simplemente está presente en el cuerpo del organismo, actuando como mecanismo contra la depredación.

A pesar de estas diferencias, tanto venenos como toxinas pueden causar efectos muy similares, hecho que depende de su modo de acción, de la cantidad asimilada y de las características de la víctima. Sus efectos en humanos pueden ir desde una simple irritación o enrojecimiento de la piel (sustancias irritantes) a graves afectaciones sistémicas en caso de venenos potentes.

Artrópodos venenosos y tóxicos

Arácnidos

Los arácnidos (subfilo Cheliceromorpha) incluyen a dos de los grupos de artrópodos venenosos por excelencia: las arañas y los escorpiones. Ambos presentan órganos especializados para la inyección del veneno que usan tanto para cazar como para defenderse.

  • Arañas

Los órganos responsables de la inoculación del veneno en las arañas son los quelíceros, unos apéndices bucales propios de los queliceromorfos situados por delante de la boca que usan para agarrar el alimento. Los quelíceros de las arañas tienen asociada una glándula venenosa y terminan en forma de colmillo. Los colmillos de las arañas presentan un canal interno que finaliza en un orificio, permitiendo que el veneno procedente de las glándulas venenosas viaje a través de ellos y sea inoculado en el cuerpo de la víctima de forma similar a como lo haría una aguja hipodérmica.

Las arañas presentan la forma más evolucionada de quelíceros: los quelíceros en navaja. Cuando amenazan con picar, éstos se separan del cuerpo y los colmillos se elevan y abren como una navaja plegable. 

Detalle de los quelíceros de una araña. Imagen de dominio público (CC0) extraída de pixabay.

Entre las más venenosas para el ser humano se encuentran las arañas australianas de los géneros Atrax, Hadronyche y Illawarra (conocidas como “funnel-web spiders” por la forma de embudo de sus telarañas), cuyo veneno afecta a los canales de sodio de las células dando lugar a una liberación masiva de neurotransmisores.

“Funnel web spider”de la especie Hadronyche cerberea. ¿Te has fijado en la gota de veneno en el extremo de su quelícero?. Imagen de Alan Couch en Flickr (CC 2.0).
  • Escorpiones

El órgano inoculador en los escorpiones es el telson, una pieza situada al final del abdomen de muchos artrópodos que, en este caso, está transformado en un aparato venenoso terminado en aguijón. Igual que los quelíceros de las arañas, el telson de los escorpiones está asociado a glándulas venenosas y la inoculación del veneno tiene lugar mediante la inyección del aguijón.

Alacrán rayado de la corteza (Centruroides vittatus), una especie común en el centro de EUA y norte de México. En rojo, el telson finalizado en aguijón. Imagen de dominio público (CC0).

Los escorpiones usan el veneno para cazar, el cual suele ser rico en neurotoxinas que causan alteraciones severas en el sistema nervioso central y periférico de sus presas por disociación de los sistemas simpático y parasimpático. En humanos, el veneno puede causar desde dolor local intenso hasta arritmias cardíacas o edemas pulmonares, como en el caso de la especie india Hottentotta tamulus, considerada una de las más venenosas.

¡ALERTA!: No todos los arácnidos y grupos relacionados presentan glándulas venenosas; p. ej. opiliones, solífugos o arañas camello y amblipigios NO son venenosos.

De izquierda a derecha: opilión (imagen de Daniel Jolivet en Flickr, CC2 .0), solífugo (CC 3.0) y amblipigio (imagen de Geoff Gallice en Flickr).

Miriápodos

Los miriápodos (subfilo Myriapoda) se dividen en milpiés (clase Diplopoda) y ciempiés (clase Chilopoda), y ambos generan sustancias venenosas.

  • Milpiés

Los milpiés, caracterizados por presentar un cuerpo dividido en muchos segmentos con dos pares de patas en casi todos ellos, son esencialmente detritívoros e inofensivos. Sin embargo, generan sustancias irritantes o tóxicas (alcaloides, benzoquinonas, fenoles) como mecanismo defensivo. Estas sustancias pueden ser cáusticas, quemando el exoesqueleto de insectos depredadores o causando quemaduras en la piel y mucosas de animales más grandes.

Las toxinas de los milpiés se generan en unas glándulas situadas en cada segmento de su cuerpo conocidas como odoríferas o repugnatorias, y su liberación puede tener lugar bien por compresión del organismo (p. ej., cuando se lo van a comer) o a través de unos orificios situados en los laterales de cada segmento.

A simple vista, las glándulas, situadas en los laterales del cuerpo, son difíciles de observar. Imagen de Thomas Shahan en Flickr (CC 2.0).

CURIOSIDAD: los lémures negros de Madagascar (Eulemur macaco) recogen milpiés y, tras morderlos y estimular sus glándulas, se los frotan por todo el cuerpo para cubrirse de las sustancias que liberan, las cuales actúan como repelente de insectos.

Puedes verlo en este vídeo de National Geographic. Te recomendamos que lo veas hasta el final. ¡Te divertirá el resultado!

  • Ciempiés

Los ciempiés, cuyo cuerpo está menos segmentado y cada segmento presenta un solo par de patas, son carnívoros y venenosos. En este caso, los órganos para inocular el veneno son las forcípulas, unas pinzas muy desarrolladas derivadas de la transformación del primer par de patas que clavan en el cuerpo de las presas o de potenciales enemigos. Dichas forcípulas están ligadas a unas glándulas venenosas situadas en el tronco del individuo.

Detalle de las forcípulas de Scolopendra cingulata. Imagen de Eran Finkle (CC 3.0).

El grupo que causa más picaduras es el género Scolopendra, aunque su veneno en los humanos, si bien es algo doloroso, no genera demasiadas complicaciones clínicas.

Insectos

A pesar de su diversidad, la clase Insecta incluye pocos organismos muy tóxicos o venenosos.

Escarabajos

Algunas familias de escarabajos (orden Coleoptera), como Meloidae, Oedemeridae y Staphylinidae (géneros Paederus y Paederidus), presentan sustancias tóxicas en su hemolinfa que son liberadas por compresión de su cuerpo como mecanismo defensivo contra la depredación. En los humanos, estas toxinas causan dermatitis de diversa gravedad (abrasiones).

Estafilínido de la especie Paederus littoralis, presente en España, Franca e Italia. Imagen de Alvesgaspar (CC 4.0).

En el caso de Meloidae y Oedemeridae, la toxina es la cantaridina, mientras que en los géneros Paederus y Paederidus es la pederina, una sustancia exclusiva de las hembras de estos escarabajos y de ciertas esponjas marinas, la cual se cree sería generada por una bacteria simbionte.

Chinches

Aunque los chinches (suborden Heteroptera) son más famosos por su papel como vectores de enfermedades, también son causa de dermatitis en humanos (p. ej. familia Pentatomidae, por compresión del insecto y liberación de sustancias cáusticas e irritantes como defensa) y de lesiones por picaduras acompañadas de la liberación de encimas salivales (p. ej. familia Belostomatidae, que usan para cazar y disolver a sus presas).

Ejemplar de Belostomatidae. Aunque no son propiamente venenosos, sus encimas salivarales pueden dar pequeños sustos. Imagen de dominio público (CC0).

Himenópteros

Muchas avispas, abejas y hormigas (orden Hymenoptera) generan sustancias tóxicas o venenosas como método defensivo. Las hembras de una gran mayoría de himenópteros han desarrollado un aguijón al final del abdomen resultado de la evolución del ovopositor (infraorden Aculeata); sin embargo, también los hay que inyectan estas sustancias mediante mordeduras.

Las hormigas (familia Formicidae) atacan generalmente mediante mordeduras, y algunas especies, como las hormigas de fuego (Solenopsis spp.) o las hormigas bala (Paraponera spp., Dinoponera spp.), también mediante picaduras de su aguijón. Entre las sustancias más conocidas está el ácido fórmico, exclusivo de la subfamilia Formicinae, mientras que las hormigas de fuego inyectan alcaloides del grupo de las piperidinas. La picadura de las hormigas bala, localizadas en Centro y Sudamérica, es considerada la más dolorosa entre los insectos según el Índice Schmidt (similar a una herida por arma de fuego), aunque no suele ser mortal en humanos.

Hormiga roja de la especie Solenopsis invicta (izquierda, imagen de dominio público (CC0)) y hormiga bala de la especie Paraponera clavata (derecha, imagen de April Nobile / © AntWeb.org / CC BY-SA 3.0).

Las hembras de la mayoría de avispas dentro de Aculeata y de las abejas presentan aguijón. Su veneno suele ser rico en fosfolipasas, y en humanos su efecto va desde hinchazones a reacciones anafilácticas graves (en casos de hipersensibilidad o por número masivo de picaduras, como ha ocurrido alguna vez con la “abeja asesina” en América). La picadura de la avispa caza tarántulas (Pepsis formosa), de México y el sur de EUA, es considerada la segunda más dolorosa después de la de la hormiga bala.

Pepsis formosa, una especie de avispa caza tarántulas. Por el nombre, os podéis hacer una idea de su tamaño… Imagen de dominio público (CC0).

Mariposas y polillas

Muchas mariposas y polillas (orden Lepidoptera), ya sea en su fase larvaria, adulta o en ambas, resultan tóxicas para otros organismos como mecanismo contra la depredación.

Las orugas de numerosas especies presentan pelos urticantes que causan irritaciones e inflamaciones en humanos (erucismo), como la de la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), una plaga muy extendida en el sur de Europa y de América.

Nido de orugas de procesionaria en un pino. Imagen de John H. Ghent (CC 3.0).

Por otro lado, los adultos de algunas especies, como los de la mariposa monarca (Danaus plexippus) o los de las zigenas (como Zygaena spp.), ambos de colores muy llamativos (aposematismo, un tipo de mimetismo), presentan sustancias tóxicas en sus tejidos contra depredadores; en el caso de la mariposa monarca, las adquieren por ingestión de plantas tóxicas del género Asclepias.

Adulto de Zygaena transalpina. Imagen de gailhampshire (CC 2.0).

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¿Te ha parecido interesante? ¿Conoces algún otro artrópodo venenoso o tóxico digno de mención? ¡No dudes en dejar tus aportaciones y preguntas en los comentarios!

Referencias

La imagen de portada es de dominio público (CC0) y fue obtenida a través de Pixabay.

Simbiosis entre insectos y microorganismos: los endosimbiontes

Las relaciones simbióticas son un importante motor para la diversificación y la evolución de los organismos. En los insectos, las relaciones con microorganismos endosimbiontes (es decir, que residen en el interior de su cuerpo) les han dotado de un gran número de adaptaciones sorprendentes.

La importancia de la relación entre insectos y sus endosimbiontes

Gran parte del éxito evolutivo y adaptativo de los insectos viene dado por su capacidad para relacionarse con otros organismos y, especialmente, con microorganismos que se ubican en el interior de su cuerpo: los endosimbiontes.

Hasta hace algunos años, se consideraba que la mayor contribución de los microorganismos endosimbiontes a la fisiología de los insectos era su papel en la alimentación, hecho que explicaría su gran diversidad de dietas. Sin embargo, se ha demostrado que los endosimbiontes afectan muchos más aspectos de su fisiología.

Tipos de endosimbiosis

Los microorganismos endosimbiontes pueden encontrarse en el tracto digestivo, en los espacios entre las células y dentro de ellas.

Como norma general, cuanto más internamente se halla el endosimbionte, más estrecha es su relación con el insecto. A continuación, vamos a analizar los cuatro tipos más habituales de endosimbiosis en insectos, empezando por la más externa y menos estrecha.

Microorganismos del tracto digestivo

La microbiota del tracto digestivo de los insectos se compone tanto de procariotas (unicelulares, sin núcleo, como bacterias y arqueas) como de eucariotas (uni o pluricelulares, con núcleo, como los protozoos), y es exclusiva del intestino.

Por lo general, se ubican fuera de las células en la parte posterior del intestino, moviéndose libremente en su luz o adheridos a sus paredes. En muchos insectos fitófagos, como termitas y cucarachas, esta parte posterior del intestino forma una cámara sin oxígeno (anaeróbica) donde tiene lugar la fermentación de la celulosa y otros azúcares complejos.

Sistema digestivo de una termita obrera; la parte coloreada en verde corresponde a la parte posterior sin oxígeno. Figura procedente del artículo: Brune, A. (2014). Symbiotic digestion of lignocellulose in termite guts. Nature Reviews Microbiology, 12(3), 168-180.

En las termitas, esta cámara contiene procariotas anaeróbicos facultativos (pueden desarrollarse con o sin oxígeno) u obligados (sólo se desarrollan en ausencia de oxígeno), como espiroquetas y metanógenos, que participan en la digestión; además, en ciertas termitas obreras, esta cámara también contiene protozoos que participan en la digestión de la celulosa de la madera (¿habéis visto alguna vez un mueble agujereado por termitas?).

A diferencia de otros endosimbiontes, los microorganismos del tracto digestivo se transmiten horizontalmente entre organismos; es decir, los insectos no nacen con ellos, sino que deben adquirirlos a lo largo de su vida. En el caso de las termitas, su adquisición tiene lugar mediante un proceso conocido como trofolaxia: las obreras, que son las únicas que se alimentan por sí mismas, digieren y transfieren el alimento (y sus microorganismos) al resto de miembros de la colonia mediante el contacto de sus aparatos bucales.

Trofolaxia en termitas. Imagen de Shutterstock.

Además, se sabe que los microorganismos son eliminados durante la muda, por lo que la trofolaxia les permite recuperarlos.

Endoparásitos

Los parásitos que viven dentro de un organismo se conocen como endoparásitos, e igual que los microorganismos intestinales, se transmiten horizontalmente de unos insectos a otros.

Existen muchas más relaciones entre insectos y endoparásitos pluricelulares que con microorganismos, siendo los pluricelulares más dañinos en términos generales; es el caso de los parasitoides (de los cuales ya hablamos en esta entrada) y los nematodos (capaces de transmitir bacterias mortales para el insecto).

El tipo de relación endoparasítica más relevante entre insectos y microorganismos, y la única que tratamos aquí, son los vectores: el insecto (o vector) actúa de contenedor y transporte provisional del parásito hasta el momento que éste alcanza su hospedador definitivo. Los parásitos transportados suelen ser protozoos dañinos para vertebrados, como Trypanosoma (enfermedad de Chagas), Leishmania (leismaniosis) o Plasmodium (malaria). Por lo general, el insecto no sufre daño alguno, así que en realidad sería más conveniente hablar de comensalismo y no de parasitismo.

El mosquito Anopheles es vector del protozoo causante de la malaria, Plasmodium. Imagen de dominio público.

Simbiosis extracelular e intracelular

A diferencia de los microorganismos intestinales, los endosimbiontes extra e intracelulares se transmiten verticalmente generación tras generación; es decir, el insecto nace con ellos, los “hereda”. Se trata de relaciones mucho más estrechas.

  • Endosimbiontes extracelulares

Los microorganismos extracelulares pueden ser tanto procariotas como eucariotas y encontrarse en diferentes partes del cuerpo del insecto (incluso en el intestino junto con los microorganismos intestinales). En cualquier caso, nunca penetran en las células. Esto no quita que algunas especies puedan encontrarse tanto fuera como dentro de las células.

Dado que muchos microorganismos extracelulares pueden ser a la vez intracelulares, se considera que podrían encontrarse, a nivel evolutivo, en una transición entre los microorganismos intestinales y los endosimbiontes intracelulares.

Un caso interesante de endosimbiosis extracelular tiene lugar en algunas especies de pulgones de la tribu Cerataphidini. Por lo general, los pulgones o áfidos presentan una bacteria endosimbionte intracelular (Buchnera), pero en estas especies dicha bacteria es substituida por un hongo unicelular similar a las levaduras que vive fuera de las células (YLS, del inglés “yeast-like symbiont”), la cual se ubica tanto en las cavidades entre los órganos (hemocele) por donde circula la hemolinfa como en distintos cuerpos grasos. Igual que Buchnera en el resto de pulgones, los YLS tendrían un papel clave en la dieta del insecto al participar en la producción de ciertos nutrientes esenciales.

Ceratovacuna nekoashi (Cerataphidini). Link (CC 2.5)

Se cree que estos microorganismos similares a levaduras o YLS habrían evolucionado a partir de un hongo entomopatógeno (es decir, dañino para los insectos) cuyo linaje habría derivado, posteriormente, en organismos endosimbiontes beneficiosos.

  • Endosimbiontes intracelulares

Se considera que al menos un 70% de insectos presenta microrganismos endosimbiontes dentro de sus células. Existen dos tipos de endosimbiontes intracelulares:

Endosimbiontes dentro de micetocitos o cuerpos de Blochmann

Los bacteriocitos o micetocitos son un tipo especializado de células adiposas que se encuentran en algunos grupos de insectos y que contienen microorganismos endosimbiontes. Estas células son transmitidas a la descendencia y usualmente se agrupan en forma de órganos conocidos como micetomas o bacteriomas.

Los cuerpos de Blochman, o lo que es lo mismo, los endosimbiontes que se encuentran dentro de los micetocitos, son propios de tres grupos de insectos: Blattaria (cucarachas), diferentes grupos de heterópteros dentro del antiguo grupo de los Homoptera (cícadas, psílidos, áfidos, etc.) y Curculionidae (escarabajos curculiónidos). La relación de estos endosimbiontes con las células suele ser tan estrecha que podrían confundirse con orgánulos celulares (algo así como lo que ocurre con las mitocondrias y los cloroplastos).

Buchnera aphidicola dentro de un micetocito o bacteriocito del pulgón Acyrthosiphon pisum. El elemento central es el núcleo del bacteriocito. Las células de Buchnera son redondas y están empaquetadas dentro del citoplasma del bacteriocito. Imagen de J. White y N. Moran, University of Arizona (CC 2.5).

El caso más estudiado es el de Buchnera en los pulgones o áfidos. Esta bacteria intracelular recicla el ácido úrico y otros desechos nitrogenados del pulgón para producir el aminoácido glutamina, el cual usa como base para producir otros aminoácidos esenciales necesarios para el crecimiento del insecto. Se cree que también produciría la vitamina B2 (riboflavina). Esto explicaría el gran éxito evolutivo de los pulgones y su elevada tasa de reproducción a pesar de tener una dieta rica en carbohidratos (procedente de la sabia de las plantas) y tan pobre en compuestos nitrogenados.

Se ha comprobado que en escasead de nutrientes, el número de Buchnera disminuye, lo que sugiere que los pulgones se alimentan de ellos en situaciones límite. Así pues, la relación es mucho más beneficiosa para el pulgón que para el endosimbionte.

Endosimbiontes inquilinos

En este caso, la relación entre microorganismos inquilinos e insectos no es beneficiosa para ambos (mutualista), ya que el inquilino altera al insecto para salir beneficiado.

Los endosimbiontes inquilinos suelen afectar a la proporción de machos y hembras y a su capacidad reproductiva. Muchos microorganismos inquilinos que viven dentro del citoplasma de las células se transmiten a la siguiente generación a través de los óvulos, por lo que necesitan que haya una mayor proporción de hembras de insectos para asegurar su perpetuidad. Para alterar dicha proporción, recurren a diferentes métodos: muerte de los machos, inducción de la partenogénesis, feminización o incompatibilidad citoplasmática, para lo cual suelen inducir cambios a nivel genético. Uno de los inquilinos más estudiados es Wolbachia, una bacteria intracelular capaz de causar un sesgo en la proporción de sexos mediante casi todas las vías antes mencionadas.

Fenotipos derivados de insectos infectados por Wolbachia. Figura procedente del artículo: Werren, J. H., Baldo, L. & Clark, M. E. 2008. Wolbachia: master manipulators of invertebrate biology. Nature Reviews Microbiology, 6(10), 741-751.

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¿Conoces más relaciones entre microorganismos e insectos? Deja tu aportación en los comentarios.

Referencias

  • Bourtzis K. Miller T. A. (2003). Insect Symbiosis. CRC Press.
  • Douglas, A.E. (1998). Nutritional interactions in insect-microbial symbioses: Aphids and their symbiotic bacteria Buchnera. Annual Review of Entomology, 43: 17–38.
  • Vega F.E., Blackwell M. (2005). Insect-Fungal Associations: Ecology and Evolution. Oxford University Press, USA.

La imagen de portada es un montaje realizado por la autora de este artículo a partir de dos imágenes: 1) vector de bacteria (por Flaticon de www.flaticon.com) y 2) vector de termita (extraído de www.allstatepest.com.au).

La vida (a)sexual de los insectos

La mayoría de grupos de insectos desarrolla organismos unisexuales que se reproducen sexualmente mediante la cópula, generando descendencia a través de la puesta de huevos. Sin embargo, su enorme diversidad también esconde un gran abanico de mecanismos reproductivos.

¡Descúbrelos a través de este artículo! 

Tipos de reproducción

Reproducción sexual: anfigonia y partenogénesis

La reproducción sexual implica la participación de células sexuales especializadas o gametos, las cuales se originan en los órganos sexuales del individuo por meiosis. Es el tipo de reproducción más común entre los artrópodos y los insectos.

1. Anfigonia

En la anfigonia, se generan dos tipos de gametos que, al fusionarse, dan lugar al embrión. Dentro de esta modalidad, la mayoría de insectos son unisexuales o dioicos, por lo que cada organismo desarrolla un sólo tipo de gameto. De hecho, son muy pocos los casos en los que un único organismo genera ambos gametos (hermafroditismo); es el caso de Icerya purchasi (Hemiptera), Perla marginata (Plecoptera) y de diversas especies de la familia Termitoxenidae (Diptera).

Icerya purchasi (izquierda; imagen propiedad de Vijay Cavale, CC 3.0) y Perla marginata (derecha; imagen propiedad de gailhampshire en Flickr, CC 2.0).

Encuentro de pareja y cortejo

En los organismos unisexuales o dioicos, la fusión de los gametos sólo es posible tras encontrar una pareja. Las estrategias que los insectos emplean para encontrar compañero son muy diversas: emisión de feromonas y/o luz, desarrollo de un determinado patrón de coloración o emisión de sonidos y vibraciones (muchas de las cuales ya tratamos en este artículo sobre la comunicación de los insectos).

Una vez encontrada la pareja, puede tener lugar un proceso de cortejo, el cual irá seguido de la cópula si éste tiene éxito. Dicho cortejo puede desarrollarse mediante la ejecución de bailes nupciales, la presentación de ofrendas (p. ej. comida; es el caso de algunas moscas escorpión (Mecoptera)) o la formación de enjambres (vuelos nupciales, como en Hymenoptera), entre otros. En algunos casos, la hembra no decide aparearse con el macho si éste no se encuentra en posesión de un territorio amplio o una fuente de alimento.

En este vídeo podemos ver el vuelo nupcial de las abejas melíferas:

Fecundación

La fecundación o singamia es el proceso mediante el cual los gametos se fusionan para dar lugar al embrión, hecho que tiene lugar tanto en organismos dioicos como hermafroditas.

  • Interna

Siguiendo con los organismos dioicos, el mecanismo más extendido entre los insectos “modernos” para garantizar el encuentro de los gametos es la cópula (fecundación interna). En este caso, el macho suele transmitir directamente sus gametos (espermatozoides) al cuerpo de la hembra, donde se encuentran con los gametos femeninos (óvulos).

Saltamontes de la especie Romalea microptera, nativo de los Estados Unidos. Imagen propiedad de http://www.birdphotos.com, CC 3.0.
  • Externa

En algunos insectos y grupos relacionados más “primitivos”, la fecundación tiene lugar sin el contacto de los órganos sexuales (fecundación externa). En estos casos, el macho libera un espermatóforo, un paquete de esperma generado por las glándulas accesorias de su aparato reproductor, recubierto de una película lipoproteica que previene su desecación. Se considera un paso intermedio entre la reproducción en el medio acuático propia de grupos “primitivos”, los cuales liberaban el esperma al agua sin riesgo a desecarse, y la reproducción en el medio terrestre.

Su producción es propia de grupos relacionados a los hexápodos, como Myriapoda (ciempiés y milpiés); de hexápodos basales, como Collembola, Diplura y Protura; de insectos basales, como Archaeognatha y Zygentoma (pececillos de cobre y pececillos de plata); y de ciertos grupos de insectos más “modernos”, como muchos Orthoptera, Psocoptera, Coleoptera, Neuroptera, Mecoptera y algunos Hymenoptera. En algunos casos, el macho libera el espermatóforo al medio, el cual es recogido posteriormente por la hembra (caso de Collembola); en otros, el macho se lo ofrece a la hembra o bien la dirige al lugar donde éste se encuentra (Zygentoma y Archaeognatha).

Collembola de la especie Sminthurus viridis; detrás, el espermatóforo pedunculado propio de este órden de insectos. Imagen modificada a partir de la fotografía original de Gilles San Martin en Flickr, CC 2.0.
Hembra de Orthoptera recogiendo el espermatóforo de un macho. Imagen modificada a partir de la fotografía original de Sandrine Rouja en Flickr, CC 2.0.

La fecundación interna se considera, pues, una novedad evolutiva y adaptativa al medio terrestre. Sin embargo, a día de hoy aún hay insectos con fecundación interna que conservan la información genética para producir espermatóforo; en estos casos, el macho introduce él mismo el espermatóforo dentro de la hembra, el cual le sirve a ésta como fuente adicional de nutrientes para sus huevos.

En ocasiones, el macho ofrece el espermatóforo como regalo nupcial, incluyendo en éste nutrientes para la hembra.

2. Partenogénesis

En la partenogénesis, la generación de descendencia tiene lugar a través de óvulos sin fecundar. Habitualmente, se la tiende a clasificar como un tipo de reproducción asexual; sin embargo, es mucho más apropiado considerarla un tipo de reproducción sexual al estar implicados los gametos femeninos generados por meiosis.

La partenogénesis puede ser:

  • Accidental: se desarrolla un individuo a partir de un óvulo sin fecundar de forma excepcional en especies anfigónicas; ej. Bombyx mori (mariposa del gusano de seda).
  • Facultativa: algunos óvulos son fecundados y otros no.
  • Obligada: los óvulos sólo pueden desarrollarse sin fecundación. Es el caso de especies que alternan generaciones partenogenéticas y anfigónicas.
Mariposa del gusano de seda (Bombyx mori). De forma extraordinaria, algunos de sus huevos sin fecundar generan descendencia. Imagen propiedad de Nikita en Flickr, CC 2.0.

Además, según la dotación cromosómica del óvulo, la partenogénesis puede ser:

  • Haploide (n) o arrenotoca: los óvulos sin fecundar (n) siempre generan machos y los fecundados (2n), hembras. Se da en abejas y en otros Hymenoptera, en algunos Coleoptera y en Zygentoma, y siempre es facultativa. El control del sexo de la descendencia es un proceso clave en la evolución de las estructuras coloniales en insectos sociales.
En las abejas melíferas, los huevos fecundados dan lugar a hembras  (obreras o, en caso de recibir una alimentación especial, una nueva reina) y los no fecundados, machos. Fotografías de Alex Wild y figura de Ashley Mortensen (web de la Universidad de Florida).

 

  • Diploide (2n) o telitoca: los óvulos sin fecundar (2n) siempre dan lugar a hembras con la misma carga genética que la progenitora (clones). Se da en pulgones (Aphididae, Hemiptera), cucarachas, cochinillas (Coccoidea, Hemiptera) y en algunos escarabajos curculiónidos, y suele ser obligada. Este tipo de partenogénesis tiene la potencialidad de generar una gran cantidad de descendencia en poco tiempo en detrimento de la variabilidad genética. En los pulgones, las generaciones partenogenéticas alternadas con las anfigónicas permiten explosiones demográficas en momentos puntuales.
Pulgones de la especie Aphis nerii. Imagen propiedad de Andrew C, CC 2.0.

A veces, la partenogénesis puede tener lugar en estadios inmaduros, como las larvas o las pupas. Es el caso de la pedogénesis, en la que las formas inmaduras pueden generar descendencia mediante este proceso; se da en algunos cecidómidos (Diptera) y en una especie de escarabajo, Macromalthus debilis, entre otros. No hay que confundirla con la neotenia, caso en el que una forma larvaria desarrolla todos los rasgos y estructuras reproductivos propios de un adulto (caso de algunas cochinillas).

Reproducción asexual

En la reproducción asexual, la generación de descendencia tiene lugar sin la participación de los gametos.

Es una modalidad muy poco habitual en insectos, representada únicamente por una forma muy peculiar conocida como poliembrionía. Mediante este proceso, a partir de un solo óvulo fecundado se generan cientos de individuos por escisión del embrión. Aunque inicialmente tiene lugar una fecundación, el resto de individuos se genera asexualmente. Se da únicamente en unas pocas especies de cecidómidos e himenópteros calcídidos (parasitoides), propiciando una gran explosión poblacional.

Generación de descendencia

La producción de descendencia en los insectos puede tener lugar de formas bien distintas:

Oviparismo

Tiene lugar mediante la puesta de huevos, siendo el mecanismo más extendido.

Puesta de mantis u ooteca (izquierda; imagen propiedad de Scot Nelson en Flickr, CC 2.0) y puesta de la mariposa blanca de la col, Pieris brassicae (derecha; imagen propiedad de Walter Baxter, CC 2.0).

Ovoviviparismo

Los huevos fertilizados son incubados dentro de los conductos reproductivos de la hembra. Ocurre en algunas cucarachas, pulgones, cochinillas y moscas (Muscidae, Calliphoridae y Tachinidae), y en unos pocos escarabajos y trips (Thysanoptera). Los huevos eclosionan inmediatamente antes o después de la puesta.

Viviparismo

Las hembras dan a luz directamente a las larvas. Existen distintas modalidades entre los insectos:

  • Viviparismo pseudoplacentario: la hembra desarrolla huevos con poco vitelo en sus conductos reproductores y ésta los nutre mediante un tejido similar a una placenta. Se da en muchos pulgones y Dermaptera, en algunos Psocoptera y en Polyctenidae (Hemiptera).

En este vídeo de Neil Bromhall, vemos a un grupo de pulgones o áfidos “dando a luz”:

  • Viviparismo hemocélico: los embriones se desarrollan libremente en la hemolinfa de la hembra (líquido interno equivalente a la sangre), de la cual obtienen nutrientes por osmosis. Ocurre sólo en Strepsiptera y en cecidómidos. En algunos cecidómidos, las larvas consumen a su progenitora, que también es una larva (caso extremo de pedogénesis larvaria).
  • Viviparismo adenotrófico: la larva está tan poco desarrollada que debe continuar alimentándose a partir de secreciones procedentes de unas glándulas accesorias (“glándulas mamarias”) situadas en el canal reproductivo de la hembra. Una vez alcanza el tamaño adecuado y tras ser depositada, la larva pupa inmediatamente. Ocurre en dípteros de las familias Glossinidae (mosca tse-tse), Hippoboscidae (moscas de los caballos o palomas), Nycteribidae y Streblidae (moscas de los murciélagos).

En este vídeo de Geoffrey M. Attardo (AAAS/Science), vemos a una mosca tse-tse teniendo a su larva:

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¿Quién dijo que la vida (a)sexual de los insectos era sencilla? Y tú, ¿Conoces alguna curiosidad? ¡Envíanos tus comentarios!

Referencias

La imagen de portada es propiedad de Irene Lobato Vila (autora de este artículo).